jueves, 19 de diciembre de 2013

El daño invisible

 Hoy he quedado con Pupi, mantenemos el contacto desde que compartimos habitación en Hospitalia. Le dije que había estado escribiendo este blog, y le di la dirección para que lo leyera si quería.

Hoy le he preguntado si lo había leído, y me ha dicho que sí, algunas cosas, pero no todo. Porque le recordaba mucho todo lo que habíamos pasado y le resultaba doloroso.

He leído experiencias de mujeres que han pasado por un reposo y la narración suele ser así "Tuve que guardar reposo gran parte del embarazo, pero afortunadamente al final todo fue bien"
No se explica qué supone ese reposo, se pasa de puntillas, por lo mismo que dice Pupi: resulta doloroso recordarlo.


Estar embarazada y tener que guardar reposo por riesgo de aborto o de parto prematuro no es quedarse tumbada descansando, leyendo y mirando la tele.

Es tener miedo. Estar preocupada todo el día.
Es sentirse traicionada por el cuerpo en el que vives, que de alguna manera sientes que te está fallando; y es sentir que ese cuerpo eres tú, y que eres tú la que fallas.

Es dejar de estar preocupada por ti misma, y estarlo por alguien que no puede vivir fuera de ti.
Es pensar en ese bebé que llevas dentro, y amarlo mucho y pedirle que luche y que se quede contigo.
Y es también tratar de no apegarte demasiado a él, por si no lo hace.

Es ser incapaz de decir o incluso escribir "por si se muere". Porque duele demasiado.

Es sentirse triste, y tener miedo de cada movimiento, de cada sensación, y pensar continuamente "¿esto será normal?"

Es sentir la rabia del "¿por qué me pasa esto a mí?" y la gran pena por no poder disfrutar del embarazo sin miedos.

Si además estás en un entorno desconocido como es un hospital, en mi caso se sumaban otras cosas:

La inmensa sensación de dependencia. De no tener capacidad de decidir sobre algunas de las cosas más simples, como la hora de despertarme o de comer, o qué comer, o si ducharme o no. El sentirme inválida, inútil, incapaz, algo que me erosionaba por dentro. Sentirme enferma, sin estarlo. Y tener la preocupación de enfermar realmente.

La sensación de despersonalización, de diluirme en ese rol de "paciente".

La nostalgia que se me tragaba; de mi espacio propio, de mis gatos que no podían entender mi ausencia, de mi pareja, que podía entenderla pero no por ello sufría menos.

La necesidad de tener a mi gente cerca, y a la vez el dolor de verlos allí cada día.

Y siempre el miedo, como un velo negro sobre mí.

Es difícil pasar por una experiencia así indemne. Una se busca estrategias para estar mejor: hablar con las visitas de cosas ajenas al hospital y a lo que estaba pasando; buscar canciones que me hicieran sentir mejor y más fuerte, repetir algunos pensamientos positivos a modo de mantra cuando todo se ponía más feo...

Y escribir este blog.

Miro a mi niña, que nació a las 41 semanas gordita y preciosa, por la que siento un increíble amor.
Y aunque compensa todo lo pasado, no puedo borrar esas vivencias, ese daño. 
Es el daño invisible que queda. Quizá los hay peores, pero este es el mío. 

Y espero que pase el tiempo, y se diluya el recuerdo de lo que pasamos hasta tener a baby Dragona con nosotros.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El parto, o Cómo llegó Baby Dragona



Finalmente y como esperábamos, Dragoncita no iba a quedarse para siempre dentro, aunque pareciera que le había cogido gusto.
 

El día había sido tranquilo. No recuerdo molestias, ni dolores premonitorios, nada que se saliera de lo normal, aparte de, quizá, un flujo más líquido. Y el pensamiento de que el día 15 sería un buen día para nacer.

Me acosté tarde, como de costumbre, pasadas las 2:30. A las 4:50 me despertó una contracción: Atontada por el sueño, me levanté al baño, ya que sentía el flujo aún más líquido, tanto que había mojado las bragas. Me cambié y volví a la cama. A las 5:00, otra contracción dolorosa, y de nuevo la sensación de humedad.

Ya me levanté de la cama sabiendo que esas eran "las contracciones", las buenas. Después de tanto padecer las otras, de dudar si me daría cuenta de la diferencia, en ese momento lo tuve clarísimo. Y supe que el "flujo líquido" era que había roto aguas.

Me quedé en el salón, sentada, esperando a ver cuándo se presentaba la siguiente: la respuesta vino a los cinco minutos. Y de nuevo a los cinco minutos, otra. 
Me senté en el pelotón de pilates, di unos cuantos botes... Al poco rato y viendo que aquello llevaba un ritmo y no parecía tener pinta de parar, me metí en el baño para darme una ducha rápida y a las 5:30 avisé a papá Dragón de que era el momento de ir al hospital.

Habíamos estado hablando de subir en taxi, pero en ese momento, se vistió como un rayo y decidió que se iba a por el coche. Siempre recordaré cómo sonreía y lo tranquilo y seguro que parecía, aunque los nervios iban por dentro.

Llegamos al hospital a las 6:00, y nos pasaron a la sala de espera, en la que parecía que regalaban algo, porque estaba hasta arriba de gente.
Salió la enfermera a preguntar por qué estábamos allí, le dije "Estoy de parto. Ya estuve el domingo y estaba dilatada de 5cm"  Oí un "Hala!" de la embarazada de al lado. Tenía la esperanza de que con esos datos la enfermera dijera "Alto todo el mundo!! Prioridad absoluta!!".  

Pero naah ;) 

Una a una fueron pasando las mujeres que teníamos delante, a lo largo de una hora. Las contracciones eran cada vez cada menos tiempo, cada una dolía más que la anterior. La sensación era como un calambre fuerte, que contraía todas mis entrañas. Sentada en la sala de espera intentaba controlar la respiración, encontrar en cada contracción la postura que mejor me ayudara a sobrellevarla: ahora de pie, ahora me paseo, ahora en cuclillas... Me apoyaba en papá Dragón, que me decía "No te preocupes, ponte como mejor estés, como si no hubiera nadie" 

Sobre las 7:15 por fin me vio la ginecóloga de guardia, una chica joven a la que ya conocía de la planta de Hospitalia. Al verme dijo "¿Tú eres la de los 5cm? Entonces sí que puede ser!"


(Aquí nos dimos cuenta de que inicialmente no se lo habían creído, porque ¿qué podía saber una mujer antes de llegar al hospital con cuánto de dilatación estaba, y quién estaría en su casa sabiendo que tenía 5cm ya?)

Me exploró y me dijo "Está muy bien, estás ya dilatada de 8cm" Me preguntó cuándo había roto aguas, y le dije que sobre las 4:30, aunque realmente no podía asegurar si no habría sido antes.

De nuevo vuelta a la sala de espera, a esperar que viniera un celador a pasarme a una de las salas de dilatación. Una media hora más esperando al celador, las contracciones cada vez más duras... qué calor tenía.
Estaba agobiada, quería dejar la sala de espera, que me pasaran a un lugar tranquilo, no sé... sin embargo, papá Dragón también me recordaba "Piensa que es como tú quieres, aquí puedes moverte, puedes pasarlas como mejor veas... en cuanto entres a la sala de dilatación no sabemos cómo será" Y tenía razón.

Como a las 7:45 me pasaron a la sala de dilatación. Dejaron a papá Dragón fuera, diciendo que ya le avisarían cuando yo estuviera preparada y pudiera pasar. La sala era pequeña, pero tenía dos ventanas; estaba amaneciendo y veía la luz de la mañana. Me puse el camisón del hospital y me tumbé en la cama para que me pusieran los monitores y comprobar que baby Dragona estaba bien. Todo estaba perfecto.

El baño no tenía ducha, la habitación era pequeña, con todo el aparataje necesario para controlar las contracciones, la bomba para la oxitocina... una habitación de hospital. Eché de menos mi pelota de pilates, quizá agüita caliente para sobrellevarlo mejor. El dolor me agobiaba.
Pero estaba allí y ya sabía lo que había; pedí la epidural y me dijeron que si no sentía deseos de empujar, podrían ponérmela.

Al poco rato vino la anestesista, que en un momento se preparó el chiringuito de manera muy profesional, desplegó su arsenal y me puso la epidural. 

Las contracciones eran ya muy seguidas, pero a partir de ahí, empezaron a desaparecer. No solo el dolor - lo que era un alivio - sino la propia sensación de contracción. Ya no sentía nada. Sabía que seguían allí porque el monitor las marcaba. La pierna derecha dejé de sentirla por completo (se me resbaló dos veces de la cama). Entraba dentro de lo normal. Pedí que avisaran a papá Dragón.

Estaba tranquila, mejor sin el dolor, más relajada. Pero sentí que la epidural había ralentizado el parto.

Vino una matrona a enchufarme oxitocina.

- ¿Es necesario? Veo que sigo teniendo contracciones.
- ¿No las sientes? - silencio, mira el monitor -  Sí que tienes contracciones. Si no quieres, no te la pongo todavía, pero si bajan el ritmo te la pondré.

Con papá Dragón a mi lado todo era mejor, hablábamos, nos reíamos, esperábamos que fuera progresando. 
Vino el anestesista, pregunté si podría bajarme la perfusión de epidural, me explicó que no, que si la bajaba empezaría a sentir dolor y las piernas seguirían dormidas - no había dosis media - Lo comparó con un vaso que está lleno, y al bajar la dosis empieza a vaciarse de arriba (la zona del coxis) a abajo (piernas, pies). También nos dijo que no detenía el proceso de parto, a pesar de que esas eran mis sensaciones.

Cuando la matrona comprobó que estaba "en completa", me animó a empezar a empujar. Todo iba bien, pero baby Dragona estaba un poco alta, y había que ayudarla a bajar.

Seguía teniendo contracciones, pero decidió ponerme oxitocina. La intensidad de las contracciones aumentó. Yo vigilaba el corazón de la niña en el monitor, no quería que sufriera si las contracciones eran demasiado fuertes.
Empujaba en cada una de ellas, me dijeron que lo hacía bien y me alegré, porque no tenía sensación, lo hacía de forma totalmente instintiva y sabía cuándo hacerlo solo porque tocaba mi vientre contraído con el dedo.

Le dijeron a papá Dragón que mirara, ya se le veía el pelo a la pequeña. La matrona entraba y salía: estaba conmigo unos cuantos pujos y cuando se iba, él hacía de improvisado matrón, animándome a seguir.

Me quitaron la oxitocina porque vieron que mi cuerpo reaccionaba muy fuerte (qué significaba eso?) y al parecer era innecesaria. 
Baby Dragona latía perfectamente, no había sufrimiento fetal, estábamos bien. Pero ya llevabamos un par de horas empujando y dos ginecólogas entraron con la matrona a decir que en un momento me iban a pasar a paritorios para "ayudarme" , ya que apenas había bajado a pesar de los pujos.

Ahí sí me preocupé, porque sabía lo que significaba "ayudar", una maniobra de Kristeller.
- Pero... lo haréis con cuidado, ¿no? - pregunté intentando ser prudente.
- Siempre lo hacemos con cuidado - contestó una de ellas.
- Qué mal te han debido hablar de nosotras - dijo la matrona.

Vaya, ahora se me indignaban.
- No, qué va. - dije, y era sincera. Nadie me había hablado mal del personal que atendía los partos allí, al contrario! ¡Si la mayoría de las matronas que había conocido en la planta planta rotaban para atender partos!. Pero yo sabía lo que querían hacer y los riesgos, y me preocupaba.

A los cinco minutos, me pasaron al paritorio. Dejaron fuera a papá Dragón, y el paritorio se llenó de gente, además de la matrona: ginecólogas, pediatras y probablemente algunos estudiantes.

Todo fue muy rápido desde entonces. Me decían que empujara, y empujaba. Una de ellas me empujaba la barriga desde arriba con todas sus fuerzas. Y de nuevo otra vez, y otra. Se turnaban entre ellas porque no podían hacer suficiente fuerza. Eso dolía, vaya si dolía!: no las contracciones, sino el codo de la ginecóloga incrustado en el abdomen.
La matrona me avisó de que tenía que hacerme una episiotomía para facilitar. Pero a esas alturas me daba todo igual: sabía que estabamos muy cerca de terminar, yo empujaba y empujaba, me daban ánimos "Lo estás haciendo muy bien! Venga que en este ya sale!!"  Una vez, y otra. Pedí dos veces que dejaran entrar a papá Dragón, veía que era inminente y no quería que se lo perdiera. "Ahora cuando salga la niña. Venga, que está sí que sí!"

Y esa fue la definitiva. Vi como salía de mi cuerpo un bebé gordito y azulado, con mucho pelo negro, y entonces vi a Dragón a mi lado, al que habían dejado entrar justo en el momento del expulsivo.
No la oía llorar, solo hacer ruiditos, como gorgoritos. Y luego ya sí, llanto. Pero no estaba sobre mí, ¿por qué la tenían ellas?
Se la llevaron a no-se-qué en una urna justo al lado mío, y al cabo de unos momentos me la pusieron encima. Estaba bien, protestando, perfecta.

De pronto vi que todo el mundo había desaparecido de la sala, a excepción de la matrona. Estuvo un rato largo cosiendo la episiotomía, pero ya solo teníamos ojos para baby Dragona. Qué grande era! Me parecía increíble que hubiera estado dentro de mí hasta pocos minutos antes, tan perfecta.

Me hicieron pasar de vuelta a la cama para llevarnos a la sala del despertar, en la que pudimos estar los tres juntos y solos, ya que no había ninguna otra parturienta.

Recuerdo que me encontraba muy bien, eufórica, No estaba cansada, no tenía sueño: estaba llena de energía y muy feliz: por fin habíamos llegado a la meta, Dragoncita estaba bien y estábamos los tres juntos.

No podía desear nada más.

martes, 26 de noviembre de 2013

El relato del relato del parto

A pesar del título, esto no es el relato del parto.

Es un post sobre el relato del parto. No sé si me explico.

Llevo varios días escribiendo a ratitos cómo fue todo. A ratitos, porque con un bebé pequeño no hay muchos ratos largos para sentarse al ordenador, y los que hay los paso durmiendo, comiendo o duchándome, básicamente (las que sois mamás ya lo sabéis, y las que estáis esperando ya lo veréis, ya... :))

Hoy estaba terminando el relato, y me he dado cuenta de que hay muchas cosas que no me gustan de cómo fue. 
Muchas cosas que ahora, en perspectiva, me hubiera gustado que hubieran sido de otra manera, y  de hecho estoy segura de que PODÍAN haber sido diferentes. 
Pero según lo que he vivido, todo el proceso está mecanizado, no se da tiempo al cuerpo de cada mujer, por tratar de minimizar riesgos se interviene mucho más de la cuenta en algo que es natural. 
Y todo fluiría mucho mejor de otra manera.

Escribía, y me daba cuenta de todo esto, y quería contar mi parto al detalle para explicar bien cómo fue, pero al irlo desgranando me salía un post un poco crítico, sin pretenderlo.

Porque a pesar de todo lo que no me gustó, de todo lo que hoy veo que no debió hacerse de esa manera, yo no tengo una mala sensación de mi parto.

Me sentí bien tratada, sentí que se me animaba. Que los procedimientos que se querían aplicar trataban de hacerlo más fácil y con menos riesgo. Por así decirlo, iban "con buena intención"

Yo sabía que, fuera como fuera el parto, tenía "premio". Ese día estaba feliz de haber llegado hasta ese momento, de que mi niña hubiera aguantado más de veinte semanas en mi interior después del primer diagnóstico de amenaza de parto prematuro. Por eso para mí ese día era un momento feliz. Y el parto, desde la primera contracción hasta el paritorio, fueron unas horas felices.

Así que primero quería explicar esto, porque publicaré el relato completo y puede que haya cosas feas y no sea tan emotivo ni tan respetado como otros relatos que leo en la red y que me encantan, pero para mí a pesar de todo no fue una mala experiencia. De verdad. 

Y me dejó lo más bonito que tengo en mi vida.

lunes, 21 de octubre de 2013

... y Dragoncita salió del huevo


Me he hecho de rogar, pero aquí estoy!


El día 15 de octubre de 2013, a las 14:06 de la tarde nació Dragoncita.
El parto fue bien, ella pesó nada menos que 3,940kg y midió 51,40cm.

No está mal para una niña que iba a nacer prematura!

Ahora nos estamos adaptando todos; es muy cansado tener un bebé en casa! 
Incluso cuando son tan pequeños que solo comen y duermen.
Pero proximamente escribiré cómo fue la llegada de Dragoncita.

Mientras tanto...
Estamos con el bebé

domingo, 13 de octubre de 2013

41 semanas

Hoy cumplimos 41 semanas!!
(Y, en serio, estoy agotando todas las imágenes de tartas de internet)

Sé que si Dragoncita no ha salido todavía es porque me está dando la oportunidad de experimentar un poco de todo en este embarazo: una amenaza de parto prematuro, hospitalización, reposo en casa, salir del reposo, una gestación prolongada... el completo!

En cualquier caso, esta es la última tarta que cuelgo, seguro-segurísimo porque a más tardar el viernes que viene me inducirán el parto.

Hoy me citaron para monitores en Hospitalia, pero como no hay consultas normales al ser domingo teníamos que entrar por Urgencias.
Eso también me ha dado la oportunidad de conocer la entrada de urgencias, para el momento en que me ponga de parto, y la sala de espera y de dilatación, donde me han colocado los monitores.

Así he podido ver que la sala de dilatación es una habitación pequeñísima y horrorosa, y que en cuanto llegas y te colocan los monitores lo de moverse está imposible, porque ya no te los quitan (según palabras de la matrona de turno. No sé hasta que punto se podrá negociar si encuentras una matrona compasiva). 
Ni pelotas de dilatación, ni ambiente acogedor, ni nada. Y una luz tristona y mortecina (que no "cálida")
En la que yo he estado no había ni ventana, lo que le daba un aspecto de almacén bastante raro.
 
 A mis ojos, una cosa así. Bueno, quizá un poco menos.

Después de más de una hora enchufada a los monitores donde me ha dado tiempo a aburrirme y pensar mucho (básicamente, en llegar lo más tarde posible a esa sala cuando llegue el momento) me han pasado a sala de espera para la exploración.

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Inciso: Aquí debo contar que ayer por la noche fue bastante emocionante, ya que empecé sobre las 23'00 con una especie de dolor de regla continuo y bastantes contracciones, pero sin estar asociadas a más dolor. A eso de las 6'00 han disminuido y ya esta mañana no había ni dolor ni contracciones.
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Y en la exploración la ginecóloga (muy joven) de turno me ha hecho un tacto y me ha dicho con horror que estaba dilatada 5cm y que ya me quedaba ingresada.

Dragona: ¿Ingresada? Pero si no tengo contracciones... ¿ingresada en la planta sexta?
Ginecóloga: No, no, ingresada en Dilatación, para parto.
D: ¡Pero si no tengo contracciones!
G: Pero te ponemos el gotero de oxitocina y ya las tendrás. Es que estando ya cumplida de 41 semanas... Y estás dilatada de 5 cm!!
D: Pero yo no quiero oxitocina.
G: .... (Cara de shock)
D: Es que prefiero irme a casa y volver cuando tenga contracciones.
G: Pero en cuanto empieces tienes que venir, porque a este paso llegarás al hospital en dilatación completa!!

Mmm... A ver. No es que quiera arriesgarme a que se me "caiga" mi hija por el camino, pero si no tengo contracciones... Imagino que en algún momento se notarán de verdad, más fuertes, más constantes. Está claro que mi cuerpo va haciendo su trabajo. Quizá es su manera, poco a poco... ¿pues no llevaba desde la semana 38 con 3cm? No sé por qué acelerarlo, si podemos darle unos días más.

En mi cabeza, el peor de los escenarios no era marcharme a casa "indefensa", sino volver a meterme en esa sala de dilatación horrorosa, enchufada a un gotero de oxitocina, empezar con contracciones bruscas y dolorosas, pedir la epidural para soportarlas, que todo se ralentizara y a partir de ahí hubiera que intervenir más y más... y siempre me quedaría el runrún de que no debería haber sido así.

Y todo eso, por la opinión de una ginecóloga que ni me conocía, ni siquiera tenía mi historia delante (ni me ha preguntado, pero eso lo puedo entender más o menos, porque no habrá tantos casos rarunos como el mío) y por tanto no podía valorar bien toda la situación.

Así que...
  http://i.imgur.com/TAt1M6N.gif

...nos hemos ido a casa futuro-papá Dragón y yo, sintiéndonos un poco subversivos, un poco hippies... pero desde la convicción de lo que nos parecía más lógico y normal.

Y por eso estoy aquí en casa más fresca que una lechuga, a las 22'00 de la noche sin dolor ni contracciones y escribiendo esto. Ya iré contando...

jueves, 10 de octubre de 2013

Terceros monitores

Hoy hemos ido a los terceros monitores. Estoy de 40+4 y en algunos momentos pienso que voy a estar embarazada para siempre.

Los embarazos de elefanta duran 22 meses. 
(Su promedio de vida está entre los 60-70 años, así que no es proporcional)
Mi más sincera admiración, señora Elefanta!

Todo está bien: el ritmo cardiaco es bueno, se mueve, tiene líquido amniótico suficiente... pero mi útero ha decidido que a estas alturas pasa de contracciones, que ya ha tenido muchas a lo largo de estos meses y que ahora ya le pilla "cansao". Digo yo.

El caso es que cada ginecólogo que mira mi historia y ve el tiempo que he estado con un cuello uterino de risa, y cómo llevo un par de semanas "a punto", y vuelvo a cada cita... pues eso, que flipan. Aún me estudiarán y todo! ;)

Aparte de eso, ya empiezan a ponerse nerviositos: tenemos que volver el domingo, día en que cumplo 41 semanas, porque el protocolo indica que hay que hacer monitores ese día. 
Además, tendremos que ir a urgencias con el volante que nos ha hecho, porque no hay consulta normal, para que me los hagan allí. 
Que digo yo que qué más dará ir el lunes, porque a fin de cuentas esto no es una urgencia lo mires como lo mires... urgencia es ir de parto, o con amenaza de aborto, u otras cosas. En fin.

Seguramente el mismo domingo ya no me libro de una exploración (tacto al canto) y amnioscopia para ver el color de las aguas.

Si después del domingo aún sigo entera, el martes tengo que volver ooootra vez a monitores.

Y si aún se prolonga más la cosa, el jueves me ingresan para inducirme el parto el viernes

 Eh, eh, despacito con eso...
 
Otra cosa que tampoco entiendo mucho, si es para el viernes ya me presentaré allí el viernes, no? ¿O es para que no me escape?
No, ya sé que es porque así ya te tienen guardadita y dentro de su ciclo de horarios demenciales (termómetros a las 6'30, tensión, monitores a las 8'00, hacerte la cama a las 8'30...)
Muy bien: lo mejor para ir tranquila al parto es pasar una mala noche de nervios en el hospi y que te toquen las narices desde bien pronto por la mañana. Ains.

Mi esperanza es que para el viernes aún queda una semana, y que en estos días la pequeña okupa se decida a salir.

lunes, 7 de octubre de 2013

La comida en Hospitalia - II

Hoy toca post de "remember", ya que el otro día me llegó la onda de que están pensando en cobrar a los pacientes las comidas que les dan en Hospitalia. No sé si se referían a todos los Hospitalias del país, o solo al que me corresponde, pero vaya tela.

Al margen de la calidad o variedad de la comida que puedan ofrecer, me parecería fatal que esto llegara a cumplirse: nadie quiere estar ingresado, no se va al hospital por gusto ni por elección.
Entiendo que hay crisis, que se debe recortar de algún sitio, pero... ¿de esto? ¿de la sanidad? (quien dice sanidad, dice educación o servicios sociales) Es vergonzoso.

En fin, que me desvío del tema. 

Ya escribí en su día que la comida de Hospitalia es pasable. Para dos o tres días puede estar bien, pero para larga duración llega a ser insufrible.

Aunque no tengo muchos documentos gráficos (y mira que tuve días!), aquí os pongo algún ejemplillo:

 
 Qué sana la verdura!...

...aunque quizá le sobre medio litro de aceite (estos platos venían así de la cocina)

 
 Zanahoria cocida de verdad (la de arriba) vs Zanahoria cocida de hospital (la de abajo) 
¿Qué te hicieron, zanahoria?

En Agosto debió haber una gran temporada de naranjas, porque me las ponían todos los días.
Ah, no, que las naranjas son de invierno! ¬¬
Ahora entiendo lo del sabor insulso y la textura estropajosa.
"Besarte es como comer naranjas en agosto..." Pues entonces, besarte debía ser un asco. 
Sin ánimo de ofender.

Me faltan muchas fotos: de la ensalada de tomate y pepino, comodín de muchas de mis comidas y cenas; de la tortilla francesa con la que podías abofetear a alguien y dejarle inconsciente, y de todo el arco iris de cremas, idéntico sabor y textura-diferente color. Entre otras.

Hoy me he acordado de todas esas comidas, y me entra un hambre de comida casera...!!

domingo, 6 de octubre de 2013

40 semanas

Hoy cumplimos 40 semanas!!

Llevamos 38 días en casa y dejamos de reposar hace 18.

Hace más o menos 20 semanas me diagnosticaron amenaza de parto prematuro por acortamiento del cuello uterino, con recomendación de reposo absoluto en casa.

4 semanas después me ingresaron en Hospitalia, donde he pasado el verano más raro de mi vida.

Nadie pensaba que llegaríamos hasta las 40 semanas.

Dragoncita, cuando quieras puedes salir, ya tenemos ganas de conocerte :)

jueves, 3 de octubre de 2013

Segundos monitores!

Pues hoy nos tocaba la cita para pasar por monitores por segunda vez.

Estuvimos hace 9 días y entonces ya me dijeron que estaba dilatada de 3 cm y "muy favorable"

Hoy cuando me han visto en la consulta se han reído "Aún te tendremos que inducir!".

En fin, en resumen: todo va bien, en monitores no se refleja ninguna contracción y el líquido amniótico está estupendo.
Le he dicho a la ginecóloga que si no era necesario, prefería ahorrarme el tacto (¿qué información nueva nos puede dar?) y lo ha aceptado.
Y Dragoncita ni siquiera está encajada, todavía está alta... la repanocha.

Así que nada, a esperar! La verdad es que no me importa demasiado. Estoy bastante encantada con mi super barriga, no tengo molestias (más allá de los pies de hobbit y del cansancio al caminar)... A lo mejor es porque no he podido disfrutar mucho de ella en las semanas anteriores y aún me hace falta, pero no me importa pasar unos días más así.

Solo me preocupan dos cosas:

- Que la pequeña dragona siga ganando peso y se convierta en la bebé más grande del mundo.

- Que la cosa se alargue demasiado o en algún momento vean algo que les "meta prisa" y quieran inducirme el parto (no me gusta la idea, nadanadanada!!!) 

De momento, vamos hacia las 40 semanas. Estamos bien.

martes, 1 de octubre de 2013

Tengo los pies como un hobbit

Desde que abandoné el reposo (la semana 37 cumplida, puede que un poco antes) mis pies han empezado a hincharse.
Hasta ahora no había tenido ningún problema de retención de líquidos y aún ahora sigo dudando si es eso, porque toda mi supuesta retención se concentra en mis tobillos y mis pies, especialmente en el izquierdo.

Despierto con los pies de un tamaño normal, y al avanzar el día mutan en pies de hobbit ¬¬

 Ok, los míos sin pelos, pero de ese tamaño

Las estupendas soluciones que leo consisten en beber suficiente líquido, consumir poca sal y caminar, además de poner los pies en alto cuando estés sentada.

Pues bien, señores: NO FUNCIONA. 

Hago todo eso y mis piececitos se siguen hinchando al final del día, cosa que en 36 semanas no me había pasado! (algo bueno del reposo, mantener los tobillos finos como una geisha)

También me doy agua fría con el chorro de la ducha y me aplico un gel de esos efecto frío para piernas cansadas, pero aunque da gustito, no veo resultados. 

En fin. Aparte de esto, mi tripa ya tiene tales dimensiones que, como dice futuro-papá Dragón, ha adquirido entidad propia.
Sin embargo me encuentro muy bien, porque aparte de eso no he tenido ni tengo otros achaques, ni dolores... así que estoy muy a gusto incluso con mis pies de hobbit.

Y ya va quedando menos...
 

domingo, 29 de septiembre de 2013

39 semanas

Hoy cumplimos 39 semanas!!
Y como dice la tarta "And holding"  ("y aguantando")

Llevamos 31 días en casa y dejamos de reposar hace 11.
Cada vez me resulta más difícil encontrar imágenes de tartas :P

jueves, 26 de septiembre de 2013

Cómo salir del reposo: consejos prácticos

Ya hace más de una semana que no estoy en reposo y puedo hacer vida normal. Bueno, en teoría.

Porque en la práctica mi cuerpecito no me da para mucho, todavía. Pensaba que la recuperación de mis, eh, funciones básicas (caminar, estar de pie) anteriores al reposo sería más rápida, pero no.

Está claro que si te pegas más de tres meses en posición horizontal/ recostada, tardas más de una semana en recuperar fuerzas.

Así que aunque aún estoy yo misma en el proceso, voy a escribir aquí algunas ideas y consejos que tengo al respecto, para salir del reposo.

Consejo nº1: Empieza caminando por casa.
Siempre depende de la situación de la que partas:
  • Si has pasado tu periodo de reposo tumbada completamente, sin levantarte para nada, lo primero que hay que practicar es estar sentada fuera de la cama, en una silla o sillón. Mejor ratos cortos, antes de que puedas encontrarte muy fatigada o mareada.
  • Si te levantabas para ir al baño, o estar sentada en el sofá, puedes empezar dando paseos cortos por casa, de una habitación a otra, o pasando algunos ratos de pie.
La cuestión es ir cogiendo un poco de fuelle en un entorno seguro. Al principio te cansarás mucho, no pasa nada, siéntate o túmbate, y descansa. Y si dentro de un rato te ves con ganas, da otro paseo por casa.

Consejo nº 2: Sal a la calle acompañada.
Cuando te veas un poco más fuerte puedes salir a la calle. Al principio puede ser bajar y dar una vuelta a la manzana, o ir a la tienda que está justo debajo de tu casa, o a sentarte en el banco que está a 100 metros.

La calle es "otro nivel", porque no siempre habrá bancos o lugares donde sentarte cuando lo necesitas, y si estás débil la necesidad de sentarte puede llegar a ser MUY grande.
Por eso en este punto es muy importante salir a la calle acompañada, de forma que si flojeas puedas agarrarte a alguien, o esa persona te pueda ayudar a sentarte .- aunque sea en un bordillo - si te ves muy apurada.

Además, el acompañamiento conlleva un refuerzo psicológico, que también nos viene bien: si te pasa algo, te mareas, o incluso si rompes aguas o empiezas con contracciones, no estarás sola. Y resulta más fácil animarse a caminar por la calle si te sientes apoyada.

Consejo nº 3: Intenta salir todos los días
Una vez que ya estás en el nivel "calle", creo que es importante salir todos los días, aunque sea un poco.
No hace falta que cada día hagas más: por supuesto, si te apetece y estás con ganas y fuerzas, adelante.

Pero si no, simplemente el hecho de salir a la calle ya supone un esfuerzo mayor que el de caminar por casa, además de estar expuesta a otros estímulos (el aire, el sol, los ruidos, la gente...) que te animan a caminar y "espabilan" el cuerpo mejor que si te mueves en casa.

Mi primera idea era salir todos los días y hacer cada día un poco más que el anterior, pero en la práctica he visto que no siempre te levantas con energía como para eso. Así que ahora simplemente me "obligo" a salir al menos una vez al día, aunque sea al lado de casa.

Consejo nº 4: No fuerces mucho.
Esto lleva tiempo, así que hay que tomárselo con calma. Si fuerzas demasiado tu cuerpo se cansa, probablemente te vas a encontrar mal y vas a necesitar más tiempo para reponerte.

Es mejor hacer menos y si estás con ganas, repetir en otro momento. Por ejemplo, salir diez minutos por la mañana y otros diez por la tarde, en lugar de media hora por la mañana.

Otra experiencia propia: el tercer día de salir a la calle fuimos al parque. Aunque parábamos en algunos bancos, me envalentoné y nos alejamos demasiado, sin medir que luego había que volver.
A la vuelta, ya fuera del  parque y sin lugar donde sentarme, el cuerpo dio orden inmediata de stop y además del cansancio y el dolor de espalda que había ido acumulando, empecé a marearme. Mucho.
Me pude sentar en el suelo, pero tenía la clara sensación de que no podría llegar a casa (que estaba en ese momento a menos de 50m)
Al cabo de un rato recuperé un poco y sí, pude llegar y desplomarme en el sofá.

Así que desde entonces: sin forzar.

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De momento, estas son las ideas que tengo claras en base a lo que he ido experimentando, si se me ocurren más iré actualizando ;)

martes, 24 de septiembre de 2013

Mis primeros (y quizá últimos?) monitores

Hoy me tocaba consulta, mi primera consulta para hacerme los típicos monitores que se suelen hacer a las embarazadas hacia el final del embarazo.
En mi caso estoy de 38+2, aunque sé de mujeres a las que citan poco antes de cumplir las 40 semanas. Dependerá de los protocolos de cada hospital y de cada caso, imagino.

La sala de monitores es una habitación con tres camillas y su correspondientes cardiotocógrafos (en este caso de la edad de piedra), un matrón y una auxiliar.

Todo ha sido muy relajado; cuando he entrado ya había dos mujeres en las camillas, una de ellas embarazada de gemelos y a la que no había forma de que se le registraran los dos corazones a la vez... el matrón maldiciendo sobre la mala calidad del cardiotocógrafo , y después de charleta conmigo, ya que me conocía de la planta.

Después de eso, a consulta, donde me han hecho una eco para ver cómo iba de líquido amniótico (todo bien) y un tacto muy suavecito para ver cómo iba el cuello.
La verdad es que lo del tacto no me apetecía demasiado, pero también tenía curiosidad por ver cómo había evolucionado en esta semana sin el pesario, así que adelante.
Me ha preguntado también si tenía contracciones, y aquí mi respuesta estándar (y cierta): "Sí, por la tarde-noche, pero de las que no duelen, de Braxton-Hicks"

Y aquí la información flipante: "Ah, pues está todo muy bien, el cuello está muy favorable, afinado y ya dilatada de 3cm"


Ehmmm... ¿qué?


Le he tenido que volver a preguntar para confirmar que le había entendido bien y sí, dilatada de 3cm.

Al futuro padre le han vuelto a decir mientras yo me vestía que estaba "muy favorable", que en lenguaje ginecólogico debe ser lo opuesto a "muy verde".

Cuando yo le he explicado que estaba 3cm de "favorable", su cara ha sido esta:


Así que nos hemos venido para casita a ultimar preparativos de esos que hemos ido dejando pasar, porque papá Dragón nos veía de parto esta misma tarde ya.

Luego buscando por internet he encontrado de todo, desde chicas a las que dejan ingresadas con esos 3cm, aunque no tengan contracciones y a las que luego inducen el parto (pavor) y otras que llevan con esa dilatación días, y más, y  mientras no haya contracciones el parto no llega.

Así que puede pasar cualquier cosa! De momento, me han dado cita para dentro de 9 días, sin creer realmente que vaya a llegar a esa cita.
Ya veremos...